Comentario del Icono de la Natividad

navidad de rouvlev

El icono de la natividad del Señor, representa un cierto programa del admirable plan salvífico:  la más sublime expresión de su amor por nosotros, la unión escatológica de lo celestial y lo terreno.

Contemplando este icono, llegamos a comprender aquella verdad que tantos Profetas y Reyes anhelaron ver y no vieron, el Creador, al hacerse hombre como uno de nosotros, vino a su Creación para glorificar nuestra naturaleza humana caída por el pecado y hacernos participes de su naturaleza Divina.

La celebración de la fiesta se remonta al siglo IV, época en que dicha fiesta estaba unida a la celebración de la fiesta de la Teofanía, tomando su lugar en el conjunto grandioso de las Santa Teofanías.

Más adelante hubo un desdoblamiento de estas fiestas por parte de las iglesias (Antioquía,326), para hacer frente a las doctrinas heréticas de los gnósticos, docetas y arrianos. Era necesario e importante subrayar en Cristo desde su nacimiento, tanto su verdadera humanidad como su verdadera divinidad.

Los testimonios iconográficos de la Natividad comienzan muy pronto, y el esquema fundamental de su representación ha quedado esencialmente inalterable hasta nuestros días.

Su primitiva composición parece remontarse a la imagen diseñada por la Iglesia construída por Constantino en Belén. Al regreso de Tierra Santa, los peregrinos de los siglos IV y V traían oleo sagrado en unas pequeñas ánforas, en la que se encontraba ya la representación de la Natividad.

El icono puede parecer a primera vista sobrecargado en detalles superfluos y hasta ingenuos. Sin embargo a medida que se penetra en su sentido espiritual, va descubriéndose como, dentro de esa sencillez, se nos lleva hasta la profundidad de aquél acontecimiento tan suspirado por los Patriarcas, predicho por los Profetas y que anhelaron ver los Justos de Israel.

Todo lo creado tiene aquí su participación desde las naturalezas angélicas hasta los animales, todo está en su puesto para cantar el drama del Universo.

El icono aparece con todo su significado mesiánico y escatológico, donde todo  está cumplido y donde el terrible secreto de Dios que se hace hombre es proclamado.

La eternidad y el tiempo se abrazan.

LAS MONTAÑAS:

Tres montañas que se cruzan entre sí, formando una extructura que domina toda la escena, que expresa simbólicamente el misterio de la Santa Trinidad, un solo Dios en Tres Personas. Ella es la que ha participado directamente en la Salvación y es ella la Verdad en que se apoya nuestra fe.

La montaña central dilata sus laderas hasta abarcar la mitad inferior de las figuras, representa la ENCARNACIÓN de la segunda Persona, el Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Es la montaña mesiánica. Que se erguirá frente a la de Sion como nos indica Isaías 2,2 :

“El monte de la casa del Señor será asentado en la cima de las colinas… alzará la mano contra el Monte de la hija de Sión”

En la ladera de esta montaña mesiánica es donde está acostada la Virgen. Representa la montaña que Dios se ha designado escoger como morada suya como lo canta el Salmo 68, 16-17:

“Montaña divina, montaña de Bashan, montaña escarpada, montaña de Bashan. ¿Por qué saltáis, montañas escarpadas? La montaña elegida de Dios como morada suya, el Señor habitará en ella para siempre”

LOS ÁNGELES Y LOS PASTORES

En la parte superior derecha del icono, hay tres ángeles, dos miran hacia el cielo y otro vuelto hacia los pastores. Es una evocación simbólica de la Santa Trinidad, cuya segunda Persona se halla inclinada sobre la creatura, también representa al ángel de la Encarnación.

Delante de la cueva, hay otros tres ángeles inclinados y cuyas manos no se ven, es como si estuvieran prosternados en señal de adoración, de alabanza incesante, es la Liturgia Celestial. Estos seres celestes participan en el Gran Misterio y cantan GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS.

Estos ángeles representan la naturaleza angélica que se prepara a asistir al magno acontecimiento y se une al ángel que ha comunicado la Buena Nueva a los pastores, confirmando lo que indica Lucas (2, 8-9) en su Evangelio.

“Hay unos pastores en las cercanías: viven en los campos y vigilan en las vigilias de la noche su rebaño.

He aquí: un ángel del señor se les presenta, la Gloria del Señor los envuelve en su claridad. Temen con gran temor”

En la parte derecha del icono, hacia el centro hay dos pastores que encarnan al pueblo que caminaba en las tinieblas y que experimentan ahora un gran resplandor, es la LUZ que despunta sobre los habitantes de una tierra de sombras y muerte como dice Isaías 9,1 :

“El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una gran luz sobre los moradores del país tenebroso, una luz Brilla”

Como Adán en el Paraíso al oír la voz de lo alto, los pastores ser llenan de temor, pero el ángel del Señor los tranquiliza.

Los primeros llamados a contemplar al Cristo son los pastores, hombres analfabetos, simples, naturales, que velan por la noche a causa de sus rebaños. Son los hombres de BUENA VOLUNTAD que se ven iluminados por la Luz del Conocimiento y buscan al Señor, al  fruto de justicia.

LA GRUTA, LA VIRGEN Y EL NIÑO

En el centro del icono se abre una gruta que penetra en el interior de la montaña mesiánica. La gruta está representada en forma de negro abismo, para simbolizar a los infiernos, es el mismo negro abismo para simbolizar los infiernos en el icono de la resurrección.

Fuera de la gruta esta representada la Madre de Dios tendida y revestida con la púrpura real. Como lo profetizo el Profeta David, o como lo canta el gradual de la liturgia de medianoche.

La Virgen no dirige su mirada al niño, sino hacia el infinito para guardar en su corazón todo lo que de extraordinario estaba teniendo lugar en ella. Como dice el Evangelio de Lucas (2, 6-7):

“Y sucede esto: mientras ellos están allí, se cumplen los días de su alumbramiento. Ella da a luz a su hijo, su primogénito. Lo envuelve en pañales y lo acuesta arriba, en un pesebre, porque no hay lugar para ellos en la sala comunal.”

Recostada en el dorso de la montaña y vestida de púrpura, la Virgen representa la humanidad, a la Iglesia, evoca la zarza ardiente donde ya se prefigura el misterio de este parto virginal que ha encendido la Luz en el mundo.

A semejanza de la Zarza que permanece intacta, el parto de María ha dejado intacta la flor de su virginidad como nos dice el himno acatista.

Ella hace callar sus pensamientos, sus sentimientos y toda actividad, escucha a Dios. Detiene todas sus facultades, su vida entera para que Dios se pronuncie, se exprese y que su voluntad se haga.

Lleva 3 estrellas, frente y una en cada hombro porque permanece virgen antes, durante y después del parto. Como dice San Juan Damasceno en su homilía; siempre virgen de espíritu, de alma y de cuerpo.

La virginidad no es sólo corporal, griego y rusos llaman a la virginidad “UNIDAD DE LA SABIDURÍA”, es decir pureza, unidad del ser humano interior.

Se puede ser virgen corporalmente y ser muy impuro espiritualmente o psíquicamente. La virginidad es una pureza en que nada se desgarra, en que nuestro corazón es “UNO”, y al mismo tiempo, no hay en esta unidad ninguna satisfacción de sí mismo, ella es una disponibilidad.

Entre la Madre de Dios y la gruta puede verse al niño puesto en el pesebre. Tiene forma de sepulcro y el niño está ataviado al estilo de un muerto.

(Los pañales que figuran bandas mortuorias profetizan la muerte vencida por la muerte. Estas bandas mortuorias  se ven en el Icono de la Resurrección/Mirróforas y la inmovilidad del cordero de Belén, nos recuerda el día del Gran Sábado, día del gran descanso)

El Cordero de Belén es ya el Cordero Eucarístico. Antes en el desierto el pan del cielo, el MANA alimentaba al pueblo hebreo. Hoy en lo más profundo del desierto del infierno se ofrece el PAN DE VIDA.

Tenemos que comprender el valor simbólico de esta gruta, como representación de los infiernos que se abren como fauces de un monstruo, donde aparece el niño como comida, para ser engullido como Jonás por la ballena.

Desde la morada de Dios, sobre el firmamento, desciende un haz de luces sobre el niño, así es como los Cielos se inclinaron hasta lo más profundo de los abismos, es decir hasta las profundas tinieblas del pecado. (Jn.1, 5)

“La Luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no lo vencieron”

En el interior de la gruta aparece el buey y el asno que como dice el Evangelio apócrifo del pseudo Mateo lo adoraron. Y esto nos recuerda a Isaías 1,3 que se canta en el comienzo de adviento:

“El buey conoce a su amo y el asno el pesebre de su dueño, pero Israel no conoce, mi pueblo no entiende”

Representan a los animales, pero también nuestra humanidad. Son seres de trabajo, siervos del hombre, representan a las almas que en esta vida trabajan y sufren por su familia, por ellas mismas, por la humanidad, pero ellas también serán introducidas misteriosamente en la gruta donde viene el Dios Eterno.

 JOSÉ, LAS OVEJAS Y EL ASOMBRO DE LO CREADO

Parte inferior izquierda del icono

Dos hombres_un arbusto _y un pequeño rebaño de ovejas

José aparece sentado y meditabundo, la cabeza en la mano, el codo sobre la rodilla. Personifica todo el drama humano, es el hombre ante el Misterio. José no conoció suficientemente a María, como tampoco el significado del Misterio, pero medita y reza.

Delante de él, está de pie un viejo con un bastón, puesto de perfil, detalle que lo identifica como el tentador. José en estos acontecimientos tan misteriosos, atraviesa el tormento de la tentación, como cualquier hombre, y en lugar de dudar, penetra siempre más en la fe.

Según la tradición, el pastor se llama Tirso como el bastón de Dionisio, que era utilizado por los gentiles en las fiestas dedicadas al dios Baco, es decir que simboliza al paganismo. Este bastón en respuesta a los pensamientos opuestos de José y la presencia del pastor, se convierte en arbusto recordando lo que dice Isaías 11,1-2:

“Saldrá un renuevo del tronco de Jesé, un tallo brotará en sus raíces. Reposará sobre él el espíritu del Señor, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de temor de Dios”

Las ovejas representan el asombro de la creación ante el nacimiento del Señor. Los Evangelios apócrifos narran este momento que afecta a toda la creación ante el nacimiento del Señor, al contemplar este misterio, los poderes espirituales quedan sobrecogidos, están asombrados. La creación entera se sorprende ante tanta maravilla, es el asombro y el temor del universo que lo reconocen y se quedan extasiados ante su gran misericordia. (himno navidad)

 DOS MUJERES Y EL BAÑO DEL NIÑO

Según marca el Protoevangelio de Santiago

Dos mujeres: La comadrona y Salomé. Según la tradición la comadrona se llamaba Eva.

La muerte entró por obra de una virgen: Eva; puesto que Adam la conocerá después de la expulsión del paraíso. Convenía entonces que la vida tuviese de nuevo su origen por medio de una virgen. Así como la serpiente fue la mensajera del engaño para Eva, así fue el Arcángel Gabriel quien trajo la buena nueva a la Virgen

Eva con el pecado de su desobediencia, introdujo la maldición. La Virgen y Madre de Dios, con el fruto de su seno, hizo germinar en la tierra, la BENDICIÓN.

El baño del niño anticipa el baño bautismal de la Epifanía, y muestra ya el bautismo como figura de muerte, como dice el Apóstol Pablo en RM.6, 3-4.

En este baño se subraya una acción puramente humana y a la vez se resalta la humanidad del Cristo.

 LOS MAGOS

Tres caballeros cabalgando monte arriba. Señalan la estrella, que está en el centro de un rayo de luz que sale de la morada de Dios y se filtra en la gruta. Como lo había profetizado Isaías 60. 1-4

¡Levántate, ilumínate, que viene ya tu luz. Y la gloria del Señor se alza sobre ti!. Mira: la oscuridad cubre la tierra, las tinieblas a los pueblos, pero sobre ti amanece el Señor y su gloria aparece sobre ti. Caminarán las naciones hacia tu luz, los reyes hacia el fulgor de tu aurora. Levanta tus ojos en torno y mira; todos se reúnen, vienen a ti. Tus hijos vienen de lejos, tus hijas son llevadas en brazos.

Son hombres extraños a la Antigua Alianza, que sin pertenecer a Israel, eran queridos del Señor, son llamados a sentarse a su mesa, representan a las Naciones.

El Cristo es presentado desde su nacimiento a todos los hombres amados de Dios. Los  propios discípulos del Cristo tardan en comprender que esta primoginetura se extendía a todas las Naciones. (Como narra Lc.4, 18-28 en su evangelio o en Hechos 11, 1-18)

El Cristo se había Encarnado en silencio y en su nacimiento sólo los sencillos y los extraños de Israel, fueron guiados hacia Él

Los magos ya prefiguran a las mujeres portadoras de aromas en camino del sepulcro.

Como hemos visto la Fiesta de la Natividad, contiene ya la Epifanía, Pascuas y Pentecostés.

El último recorrido por el Icono, la última mirada se une con la primera visión y termina en una alegría muy pura que nos sugiere el Espíritu Santo.

¡El Cristo nace, glorifiquémoslo. El Cristo desciende de los Cielos, id a su encuentro; el Cristo está en la tierra, exaltadlo. Cantad al Señor, toda la tierra y, en vuestra alegría, celebradlo.!

Diácono Jorge Arizio

Charla ofrecida en el marco del  XIII Encuentro de Iconografía Argentina

Enero 2015

 

Publicado en Artículos, Charlas | Etiquetado como: , , , , , | Deje un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *