Contemplación del Icono

Contemplación del Icono

2014-03-21 PANTOCRATOR ESCRITO POR JORGE 

El Icono, que es superficie a la vez que profundidad, constituye una suerte de ventana, un umbral, desde donde es posible sumergirse en la búsqueda de lo absoluto.

El culto de los Iconos supone un pasaje, una pascua de la vista. La contemplación supone un acto de humildad de la razón, nuestros ojos deben dirigirse a lo invisible, pero pasando por lo visible; llegar a lo invisible no por el rechazo de lo visible. La mirada del hombre, destinada a espectáculos inconmensurables, ha de purificarse sin cesar.

Existen tres etapas en la contemplación del Icono, son tres visiones que se escalonan: la sensible, la intelectual y  la espiritual.

La visión sensible es la que se realiza a través de los sentidos y queda en la superficie de las cosas, la visión intelectual es obra del entendimiento y descubre el mundo de las esencias, la visión espiritual es alcanzada sólo por el corazón puro que ve a Dios (Mt.5,8): “ Bienaventurados los puros de corazón, ellos verán a Dios “.

Hay una conexión íntima, esencial en estos tres tipos de visión. La actitud idolátrica de los primitivos se caracterizaba por cerrarse al paso de una visión a otra, deteniéndose en lo puramente material, adorando a los mismos objetos visibles.

San Gregorio de Nysa dice que hay una idolatría más refinada, y la llamaba “idolatría de los conceptos”, que se verifica en aquéllos que se detienen en lo intelectual y no pasan a la visión espiritual. La ascensión de la mirada requiere un largo proceso de purificación espiritual. Cuando el Cristo curó al ciego, éste primero vio a los hombres que lo rodeaban como si fueran árboles que caminaban (Mc.8, 24). Es el primer paso en el camino a la visión de las cosas celestiales.

La visión espiritual de la imagen sólo es posible para quienes hayan madurado interiormente.

San Simeón el Nuevo Teólogo dice: “… en adelante ya no es el mero hombre que mira sensiblemente lo sensible, sino, vuelto algo más que un hombre, contempla espiritualmente las cosas sensibles.”

Ahora sus ojos son nuevos, educados en la escuela del silencio interior. Su contemplación, que ha pasado por lo que los iconógrafos llaman el ayuno de los ojos se sitúa más allá de las sensaciones y del discurso.

Evdokimov describe la ascensión de la mirada como un movimiento interior casi musical. Los ojos ya no parpadean ante el espectáculo divino., “lo sobrenatural se muestra sobrenaturalmente natural, familiar e íntimo”. Orígenes nos dice que “los ojos de la inteligencia se elevan hasta que no se detienen ya en los bienes terrestres”.

El Icono, como representación simbólica que es, invita a trascender el símbolo, a comulgar con la hipóstasis significada.

San Basilio dice: “Sellado por los dones el Espíritu Santo, el cristiano recibe un carisma contemplativo, lleva en él un logo poético escondido que le permite trascender lo visible, o mejor contemplar lo invisible en lo visible”.

Y San Gregorio de Nysa agrega: “… mirar al Icono por los ojos de la paloma, es decir del Espíritu Santo, es ir más allá de su apariencia, es contemplarlo, con los ojos transfigurados de la luz divina”.

En la oración del segundo domingo de Cuaresma (Liturgia oriental) en que se lee el Evangelio de la Transfiguración, le pedimos a Dios que “después de haber purificado nuestra mirada interior, podamos gozar de la visión de la gloria”.

El tema de la visión se mezcla con el de la Gloria. San Ireneo se expresa de manera categórica: “La Gloria de Dios es el hombre vivo, mientras que la vida del hombre es la VISIÓN de Dios”.

En el siglo XIX, el metropolita Filareto de Moscú aplicaba a la visión del Icono del Cristo las palabras de San Pablo : “Más todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como un espejo la Gloria del Señor, nos vamos transformando en esa misma imagen de gloria en gloria; así es como actúa el Señor, que es espíritu”. (2 corintios 13-18)

Y el Metropolita de Moscú las comentaba así: “Notad que no habla de él solo, sino de todos, consiguientemente no habla de un privilegio particular de un hombre inspirado en Dios, sino de una acción y de un estado que son accesibles a un gran número y, en cierto grado, a todos. Nosotros todos, dice, contemplamos a cara descubierta la Gloria del Señor, es decir contemplamos no sólo el rostro de JesuCristo, sino su Gloria”.

No contemplamos como espectadores inactivos, sino que presentamos nuestra alma al rostro luminoso de JesuCristo como un espejo para recibir su luz y nosotros mismos nos transformamos en la misma imagen, esforzándonos sin interrupción por crecer en semejanza a la imagen de nuestro Señor.

Diácono Jorge Arizio

Revista Fuentes Nº 28/ año 1991

 

Publicado en Artículos, Charlas | 3 Comentarios

3 Respuestas a Contemplación del Icono

  1. Mirta Camblong dice:

    Hermoso artículo! Agradezco a Jorge, que habla de lo que sabe y hace.
    Hace mucho que no te vemos pero te recordamos con cariño.
    Un gran abrazo

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