Espacio y profundidad del Icono

ESPACIO Y PROFUNDIDAD DEL ICONOSANTA FAZ

Claire Vignes Dumas

El icono ejerce una real fascinación sobre el mundo cristiano contemporáneo, utilizado a tiempo y contratiempo fuera de su contexto litúrgico, a menudo reproducido de forma fragmentaria, está unipresente. Más o menos concientemente aparece como la única forma de representación que ofrece un real alimento espiritual.

¿Sin embargo que se ve primero cuando se mira algún icono? Un personaje en representación frontal o un grupo de personajes con formas más o menos esteriotipadas, a menudo rígidas o torpes sobre un fondo de oro, de color unido, animado, a veces de una arquitectura de factura un poco inocente, de rocas, de un decorado vegetal.

El arte occidental, considero este arte como una repetición de fórmulas, volcándose hacia búsquedas plásticas más elaboradas. La incomprensión se instaló así en un mundo occidental preocupado del arte religioso con grandes composiciones narrativas. En cambio, la iconografía practicada por el mundo ortodoxo, cuyo objetivo primordial, lejos de ser decorativo estaba en no traicionar el tema representado, ya que es el soporte de la Presencia divina.

Así a lo largo del tiempo se afirmó la fidelidad en el mundo ortodoxo al contenido teológico de este arte. Si el mundo cristiano actual dejo de lado al arte de los últimos siglos del mundo occidental, volcándose al arte medieval y a los iconos, es que existe en esta tradición una ecuación entre su forma y su contenido inmediatamente perceptible.

Examinando frescos, mosaicos e iconos producidos por el arte ortodoxo entre el siglo IV y el XVII, aparecen  ciertas constantes en la organización espacial de la representación que permiten identificarlo desde la primera mirada como pertenecientes al mundo del icono. Es decir: dando a contemplar el misterio de Dios hecho hombre para que el hombre se vuelva Dios. Se puede decir que esta forma de arte se distingue por su función sacramental, los medios por lo cual ella se expresa me parecen  poder ser definidos así: primero la representación frontal o su derivado, el tres cuartos, un espacio llano, puesto como una filatelia, en el cual la espesura de los objetos es evocada por lo que es convenido llamar perspectiva inversa, por otro lado el rechazo de lo anecdótico. Evoquemos por ejemplo los conjuntos de mosaicos de Ravena, de otras líneas o de los santos o personajes de las grandes escenas de la vida del Cristo, están todos retirados sobre un mismo plano, desprendiéndose de un fondo de oro.

La cohesión de la representación no es dada más que por la relación de los personajes ajustados sobre lo esencial y limitados por el cuadro arquitectural o el borde. Únicamente son representados los objetos indispensables para la composición de la escena, hay autonomía aparente entre la irradiación del oro que desborda los marcos y  la necesidad del marco, la voluntad de ubicar la escena en el mundo transfigurado y la necesidad de representar la espesura de los cuerpos.

Dios indescriptible, invisible, inmutable se hizo hombre y en esta limitación voluntaria de la Encarnación, aparece la necesidad de discernir, de no dejar suscitar ninguna zona borrosa, de dar a los objetos su propio volumen.

SANTA FAZDios se hizo hombre y según la tradición lego los rasgos de su faz imprimiéndolos sobre la tela que es llevada al rey de Edesia. La Santa Faz o Mandilión tal como ha sido transmitida hasta nosotros es la referencia absoluta de toda iconografía. La Faz solo es representada de forma perfectamente frontal, sobre un fondo neutro, sin indicación de profundidad, teniendo como única limitación el soporte, la madera del icono, recuerdo del lienzo primitivo.

Este espacio despojado de todo ornamento, tiene un carácter intemporal, esta Faz dada en un momento preciso de la historia es dada para la eternidad.

El mosaico romano tardío de los siglos III y IV destinada a decoración de las villas, se aferraba a restituir la animación de las escenas de caza, los movimientos de los animales e inclusive sus sombra en el suelo, como así los accidentes del terreno. La simplificación de la puesta en escena tal como se los puede ver en Ravena no se ha debido como se dice a menudo al empobrecimiento de un saber hacer sino más bien a la voluntad de transformarlo en un nuevo contenido. Los personajes representados son los vivientes en los siglos de los siglos que tienen acceso a la visión de Dios. No pueden entonces apriori ser representados en la agitación de cualquier momento de su vida.

Es por lo cuál los eventos elegidos serán absolutamente significantes. Es así que poco a poco se constituyo el ciclo de las doce fiestas, ya que por encima de conmemorar  un evento de la vida del Cristo es la de hacer entrar en la inteligencia este escrito. Como a partir del ejemplo de la Santa Faz poder concebir una representación que exponga en escena numerosos personajes evocando un lugar determinado, en la misma forma que el Cristo dio su Faz para curar al Rey de Edesa y con él la humanidad, De la misma forma dio a su Evangelio su palabra y la posibilidad de alimentarse de él.

La perspectiva llamada invertida, la concepción del espacio que se desprende de ella, me parece que son la traducción plástica de este don de Dios. En efecto en la perspectiva invertida el punto de fuga se sitúa en lo bajo y también delante de la superficie pintada, todo  pasa como si la escena fuera vista con el ojo de Dios, es entonces Él la medida de las cosas representadas. El que está situado implícitamente por encima y más arriba de la superficie. Es materializado a veces por los Cielos representados bajo forma de un semicírculo donde emanan tres rayos o la mano que bendice.

La superficie pintada se presenta como un campo barrido por la visión divina donde son evocados objetos, arquitectura, minerales o vegetales en su espesura y su volumen. En efecto este arte suntuoso pero sobrio, despojado generalmente de artificio decorativo estará amenazado de esquematismo, de traicionar la encarnación que confiesa, si no diera cuenta de la materialidad de los objetos.

En la mayoría de los iconos existe por lo menos una llamada a este orden. En la crucifixión es la barra sobre la cual reposan los pies del Cristo; en la resurrección de Lázaro la tumba abierta, en el icono del Cristo bendiciendo al libro que tiene en la mano, en la Hospitalidad de Abraham la mesa  frente a los tres ángeles.

Los objetos o las arquitecturas están sin embargo subordinadas a los personajes ya que no son más que creaciones humanas, bajo la mirada de Dios nada puede ser escondido, en el icono de PENTECOSTESPentecostés ningún personaje enmascara al otro, las arquitecturas están abiertas y dejan ver lo que sucede en el interior del edificio representado, así sucede con respecto al Templo en el cuál María es alimentada por la mano del ángel; en la mesa de la Santa Cena cuya superficie y lados son igualmente visibles permitiendo aprehender lo que sucede alrededor.

De la misma forma que el espacio es relativo bajo el ojo de Dios de la misma forma el tiempo no pude ser analizado en términos de cronología. En los iconos de cada una de las Doce Fiestas los momentos sucesivos son escritos en una misma representación permitiendo aprehender el misterio en su totalidad. Así en la Teofanía, el tiempo de bautismo propiamente dicho y el del descenso del Espíritu que el relato disocia, son reunidos en una única imagen fuerte y coherente (Mt. 3.13-16),.(Mc. 1.9-11). (Lc. 3,21-22)

Cuando los momentos de los relatos sean representados sucesivamente el arte religioso se volverá narrativo y perderá su función sacramental.

Otras tradiciones místicas se expresan a través de una organización espacial comparable, especialmente el caso de la miniatura Islámica o de la pintura budista que reposan sobre la certeza interior que el hombre,  no es la medida de toda cosa. La representación  puede ser el canal de comprensión de las cosas divinas, el punto no es más que el intermediario anónimo.

Una concepción tal del espacio lleva al hombre a su propia búsqueda de profundidad, búsqueda primordial que lo lleva a las raíces de su ser.

En efecto, la perspectiva invertida se sitúa en el punto de fuga más allá de la representación, es decir, en el interior del hombre que la contempla. La inversión espiritual que representa la perspectiva clásica establecida por el renacimiento que huye hacia un horizonte que atraviesa la tela, esa búsqueda de profundidad va hacia el exterior del hombre. La expresión de la tercera dimensión en el icono, me parece estar ligada a la acción del espíritu y a la relación muy intima de Dios Padre, Hijo y Espíritu en la creatura.

Claire Vignes Dumas

Presencia Ortodoxa nª 83

 

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