Icono de la Santa Teofanía

BAUTISMO DEL CRISTO

 SANTA TEOFANIAEl Cristo vino para ser la Luz del mundo, que alumbra a los que están en las tinieblas .(Mt,4,16)

Prodo de Constantinopla dice: Cristo aparece en el mundo, lo ilumina y lo colma de alegría, santifica las aguas y disfunde la Luz en las almas de los hombres. Apareció el Sol de Justicia y disipó las tinieblas de la ignorancia. El Hijo único del Padre se ha manifestado y nos da mediante el bautismo la cualidad de Hijo de Dios.

Esta frase compendia el pensamiento de los Padres Griegos sobre la miseria del pecador que consiste esencialmente en la ignorancia de la fe, que el Cristo abre para siempre.

Orígenes también comenta: …”que las puertas de la Luz a quienes hijos de las tinieblas y de la noche, aspiran a llegar a ser Hijos del día y de la Luz.”

La combinación Luz y Fuego, como elementos reveladores de la presencia divina, se encuentran en diversas circunstancias en el Antiguo Testamento.

“El Señor iba delante de ellos… en columna de fuego para iluminarlos de modo que pudieran caminar de noche.” (Ex.13.21)

El Señor iluminaba las tinieblas y los conducía al Mar Rojo, cuyo paso es una prefiguración del Bautismo. El Bautismo es paso, es iluminación, es nacimiento del ser a la Luz divina.

Los recién bautizados son llamados “iluminados” porque han alcanzado la Luz que los guía. Han renacido a la Vida.

“En Él estaba la vida dice el evangelista Juan y la vida era la Luz de los hombres”.

La iconografía de esta fiesta se ha conservado muy estable a lo largo de varios siglos, es una representación que no se ve influenciada por los apócrifos, en ella se recoge lo más destacado de la narración evangélica.

El icono traduce en imágenes este fragmento de la historia de la Salvación: el Cristo es bautizado por su Precursor, Dios se somete a su creatura.

En el centro del icono se encuentra el Cristo sumergido totalmente en las aguas del Jordán, a su derecha Juan el Bautista que realiza con la mano el acto del Bautismo, mientras desde el Cielo, centro superior parte un rayo que desciende hacia Jesús, traduciendo así la imagen la complacencia del Padre. El rayo lleva en un escudo la paloma, el Espíritu Santo, tras lo cual se divide en tres.

“Hay tres que dan testimonio en el cielo, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo y los tres son uno. Alleluia.

Hay tres que dan testimonio en la tierra, el espíritu, el agua y la sangre y los tres son unánimes. Alleluia, alleluia. (Canto  durante la comunión en la Liturgia de la fiesta)

En algunas representaciones dentro del río hay una o dos figuras antropomórficas: una figura masculina que torna el rostro hacia la parte opuesta a Cristo y que lleva un recipiente con el que mezcla el agua. Con frecuencia tiene el recipiente entre las manos, porque sus aguas ante la inmensidad del mar, son como las que contiene un pequeño vaso.

En otros iconos de la Fiesta se da una segunda figura, femenina, con cetro y corona sentada en el dorso de un animal marino, que parece huir hacia la derecha. Es la representación antropomórfica del Mar que “lo vio y se echo atrás” se le da el aspecto femenino porque en griego el término mar es femenino.

Volviendo al icono apreciamos tres ángeles con las manos cubiertas en acto de adoración: son las naturalezas angélicas que se postran ante la Sabiduría de Dios Encarnado.

La naturaleza que sirve de escenario es árida, salpicada por algunos matorrales. Isaías en el capítulo 35 donde habla sobre el triunfo de Jerusalén dice: “…Que el desierto y la sequedad se alegren, regocijese la estepa y florezca…se verá la Gloria del Señor, el esplendor de nuestro Dios”.

En la parte izquierda junto a Juan, aparece un arbusto que en algunos casos lleva un hacha sobre el tronco, esto hace recordar el tremendo aviso del Bautista en Mt. 3,10: “Ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles, y todo árbol que no de buen fruto será cortado y arrojado al fuego”.

En este icono que contemplamos se ha preferido omitir el hacha para que el arbusto tomara otro significado, el brotar de la Nueva Vida, retoño de Jesé (Is. 11,1). Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará. Reposará sobre Él el Espíritu del Señor. Y esto lo confirmamos recordando el pasaje cuando Jesús va al Templo y se levanta para hacer la lectura, le entregan el rollo del profeta Isaías y lee el pasaje 61,1 y siguientes: El Espíritu del Señor, sobre mi, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva …

CRISTO

Centro del icono, el Cristo, completamente sepultado en las aguas del río -también llamada tumba líquida-, pero no parece mojarse, más bien parece caminar sobre ellas. Esta escena invertida, parece reproducir un parto, un nuevo nacimiento.

El Cristo parece brotar de los elementos creados. El Señor para redimir al género humano ha elegido hacerse hijo de Adán, Hijo del hombre, ha tomado voluntariamente la naturaleza humana para renovarla, para volverla a la primera creación. El Cristo asume la misma imagen para refundarla, renovarla, recrear cuanto estaba derruido. Bajo esta perspectiva el arbusto que está a su derecha asume el significado del Árbol de la Vida.

Cristo como el primer  hombre tiene ante sí la capacidad de elegir, pues su humanidad es perfecta. Él está revestido de la desnudez adámica para entregar a la humanidad la vestidura paradisiaca. Está representado en el icono, en el acto de caminar, avanza libremente hacia Juan manifestando su iniciativa y la voluntad del Padre. La humanidad del Cristo pasa a través de su libre determinación.

Jesús se consagra conscientemente a su misión terrena, se somete enteramente a la voluntad del Padre, y el Padre le responde enviando sobre Él, el Espíritu Santo. Se revela realmente Hijo en sus dos naturalezas y esa plenitud del “verdadero Dios y verdadero hombre” se va a reafirmar en la Transfiguración como un acto que ya se manifestó en el Bautismo.

Hay un gesto de bendición en la mano derecha del Cristo. Este mismo gesto figura en los iconos de la Creación y de la Santificación de las aguas. En la que el Señor está figurado en los semblantes del “Hijo amado” JesuCristo por ser la única persona de la Santa Trinidad que ha asumido la naturaleza humana, el único que puede ser representado.

El icono nos muestra a Jesús sumergido completamente en las aguas, como un sepulcro, como una tumba líquida. Ellas forman como una oscura caverna y como en el icono del descenso a los infiernos representa el averno. Cristo descendió allí para recuperar su imagen de entre los muertos. El bautismo de inmersión, reproduce en cada fiel la muerte y resurrección del Cristo. San Juan Crisóstomo lo dice en una de sus homilías: “La inmersión y la emersión son imágenes del descenso a los infiernos y de la resurrección”

El descenso a las aguas del Jordán, ya prefigura el descenso a los infiernos.

Las aguas del Jordán en torno al cuerpo del Cristo se transforman en multitud de rayos de Luz.

JUAN EL BAUTISTA

Ya el Profeta Malaquías había dicho que el Profeta Elías vendría antes de que llegue el día del Señor. Jesús contestando una pregunta hecha por los discípulos sobre si Elías vendría primero antes que el Mesías, Jesús contesta: “Elías ha de venir a restaurar todo. Más os digo:: Elías ya vino, no lo reconocieron. Hicieron con él lo que quisieron. También el Hijo del Hombre va a sufrir de parte de ellos. Entonces los discípulos entienden que les habla de Juan el Bautista.” Así es como lo narra Mateo (17,10-13) en su Evangelio.

La mano izquierda  del Bautista elevada hacia el Cielo representa un intento de evitar el tremendo encargo, pero Jesús le responde: (Mt.3-15). “Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia”.

Juan esta vestido con pieles y envuelto en un paño, es la figura del hombre viejo, de Adán que el Cristo ha venido ha rescatar. Él es quien debe disminuir para que pueda crecer la figura del Señor (Jn.3,30). El hombre revestido de pieles, revestido de pecados es despojado y regenerado, su puesto lo ocupa el hombre nuevo, el nuevo Adán, el hombre-Dios. Él es el Hijo de Dios, como dice Pedro en el evangelio de Juan (9,19-20). “Tu eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Estamos en presencia del más desconcertante encuentro entre Dios y la humanidad. En San Juan el Bautista todos los hombres se reconocen hijos en el Hijo y testigos. El Bautista está investido de un ministerio de testimonio, es el testigo de la sumisión del Cristo, toda la humanidad en Él es testigo de este gran acto de Amor Divino que lo narra muy bien Juan en su Evangelio (1.35).

Juan el Bautista, asume sin decir nada, es el más grande de los Profetas por ser Amigo del Esposo, que no dice nada de sí mismo, pero habla en nombre del que ha venido.

LOS ANGELES Y LA NATURALEZA

Los tres ángeles a la izquierda del icono, representan la naturaleza angélica que se postra en adoración del hombre-Dios, las manos entreabiertas y el busto inclinado nos indica su sumisión. Son tres ángeles como los que se aparecieron a Abraham junto a una encina de Mambré, y como aquellos son prefiguración de la Santísima Trinidad, confirmándolo por el árbol que despunta a sus espaldas, es como una evocación al icono de trinidad de Roublev. En aquella ocasión predican el nacimiento de Isaac, el hijo único. En este icono se encuentran frente a la humanización de uno de ellos, del Hijo Unigénito.

El amor de Dios por los hombres, es el concepto que preside esta representación, este icono es la divinidad que va hacia el hombre. Aquí el hombre está encarnado por Juan, el cual avanza en sentido inverso a las otras figuras, va al encuentro del Cristo, demostrando que se somete a la divina voluntad.

Hay una continua alternancia de números simbólicos, tenemos tres ángeles, tenemos el Cristo y Juan unidos por el brazo del Precursor.  Se pone acento una vez más en los Misterios de la Trinidad y de las dos naturalezas del Cristo, la humana y la divina.

En la parte derecha donde se encuentran los tres ángeles, la montaña terminas en tres cimas, la cima de las dos internas se inclinan hacia la derecha. Esa una expresión figurativa del Misterio de la Trinidad y la relación de las Personas divinas. De la montaña de tres cimas parte el Cristo para dirigirse hacia la que se yergue de frente, que culmina en dos.

El icono en su conjunto parece partido en dos partes separadas por un abismo profundo. La parte derecha es árida y seca, predomina el color ocre amarillo, la izquierda, en cambio es verde. Este color es considerado como símbolo de la vitalidad regeneradora de la inmortalidad, de la gracia y del Espíritu.

La brecha está colmada  de aguas oscuras, ni los ángeles están capacitados para atravesarlo, ni los hombres. Representa la grieta profunda entre Dios y el hombre después del pecado, entre el hombre y la naturaleza espiritual. Era necesario que alguien recompusiera esta fractura y colmara este vacío, y todo esto no podía venir de otro que no fuera Dios.

He aquí al Cristo que convierte las tinieblas en Luz, que transforma en verdor lo que era árido, que colma el abismo profundo, que establece el puente, el vínculo de enlace entre la naturaleza humana y la divinidad.

El círculo lleno de estrellas puestas en la parte superior del icono es el cielo, la morada del eterno. La divinidad desciende al abismo, a las regiones más profundas, el rayo cae tomando forma de paloma. El círculo es la perfección, es azul para indicar la divinidad, la inmaterialidad, la pureza, como las aguas que envuelven al Cristo. El círculo, lo perfecto se hace línea, la unidad de la divinidad se subdivide en tres, las Tres Personas divinas.

La iconografía en general y especialmente estos iconos que vemos en el día de hoy, intentan transmitirnos el ardiente deseo de Dios de restaurar su imagen, buscar a la oveja descarriada, recomponer su semejanza, y todo esto lo concretiza el Cristo.

Nuestra fe tiene en Él su fundamento, y sobre todo, con su muerte y resurrección, la historia de la Salvación ha alcanzado su plenitud. El episodio sale del espacio y del tiempo, es algo eterno, porque eterno es su mensaje de amor y de paz,, porque eterno es el amor de Dios hacia los hombres.(Romano el Meloda)

TROPARIO DE LA FIESTA

Mientras Juan te bautizaba en el Jordán, oh Cristo, la Santa Trinidad se manifiesta. La voz del Padre dio testimonio de Ti, llamándote su Hijo bien amado, y el Espíritu descendió y reposó sobre Ti en forma de Paloma. Cristo Dios que te apareciste e iluminaste al mundo, gloria a Ti

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