Cristo nació por nosotros

Se nos quiere imponer un humanismo sin Dios como otros impusieron una divinidad inhumana. Somos mayores dicen ellos, no tenemos necesidad de tutela divina, salimos de la infancia, ese es su lenguaje. Pero nosotros cristianos nos apresuramos alrededor de un pesebre para adorar a un pequeño niño, ya que hoy como lo profetiza Isaías y que lo canta la Iglesia “Un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado”

La alegría desborda de nuestros corazones, estamos de fiesta. Con el nacimiento del Cristo de la Virgen María nace el verdadero humanismo, la humanidad reencontró su unidad. Todo lo que es bueno y maravilloso del hombre, viene de Aquél que lo formo amorosamente, ya que todo ha sido hecho por el Verbo, nada ha sido hecho sin Él, arquetipo del hombre, Luz de nuestra inteligencia.

Admiremos la obra, admiremos al artista, hoy en esta noche llena de gozo, admiremos más que a  la obra a su Creador, el Creador asume la Creación, el artista esposa la obra, el Verbo se hizo carne y habita entre nosotros, un pequeño niño que celebramos hoy es  el Dios Preeterno.

Aquél que se enorgullece el mismo, es un vanidoso. Si la humanidad se admira en su propio espejo cual es el valor de esta admiración. Hoy,  Dios que viene a honrar al hombre en una forma fulminante.

Escuchamos la voz del Verbo que nos habla: “Te amo porque eres mi obra, hoy te muestro mi amor todavía más grande, me vuelvo tu mismo, hoy Yo Hijo de Dios me vuelvo hijo del hombre, hoy tu, mi criatura me engendras en las entrañas virginales.

Te prosternas porque soy tu Dios, me rebajo hasta ti para levantarte, Yo, niñito, tu hijo, Yo Dios preeterno.

Sin Mi tu no existes, no tengo ninguna necesidad de tu existencia estando por encima de ser fuente del ser, pero me vuelvo como tu por amor totalmente gratuito al hombre rompiendo así las cadenas del determinismo de lo inevitable, de las lamentaciones.”

En efecto, el Cristo que nació por nosotros abre a la humanidad un horizonte más allá de los espacios, la ascensión hacia la Vida Eterna.

Dios se volvió hombre para que el hombre se vuelva Dios. Sin Él  el humanismo esta caduco, signado a declinar a pesar de las apariencias.

Mirando al niño Jesús en el pesebre adoramos al Dios preeterno uniendo nuestras voces a la de los ángeles exclamamos: “ Gloria a Dios en las alturas, paz sobre la tierra, a los hombres buena voluntad”.

En verdad Cristo nació por nosotros.

AMÉN

Monseñor Jean de Saint Denis

Editorial de Presencia Ortodoxa Nº 8

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