EL DOMINGO DEL SEMBRADOR

HOMILÍA “EL DOMINGO DEL SEMBRADOR”

Monseñor Jean de Saint DenisJESUS EL SEMBRADOR

Lucas 8,4-15
2º corintios 11,19-33

 

El tiempo de las Gésimas prepara el periodo de Cuaresma. Los tres domingos de este tiempo, si puedo decirlo así, son los escalones, gradas que conducen al período gozoso que es la Cuaresma.

Nos imaginamos a menudo por los sacerdotes que están revestidos de violeta, que las genuflexiones aumentan, los fieles, que hacen abstinencia ayunando, que la Cuaresma es un período más bien triste. Es no comprender el sentido profundo del ayuno y de la penitencia.

El ayuno y la penitencia que subrayan la Gran Cuaresma fueron puestos precisamente en época de primavera, porque la primavera es imagen natural de la Resurrección, del renacimiento de nuestra alma y de nuestro cuerpo.

Constatamos aquí un cierto desfasaje con la mentalidad corriente, que pronunciar la palabra penitencia o abstinencia se piensa inmediatamente perder algo, en lugar de comprender de que se trata justamente de la renovación de nuestro ser.

El evangelio de hoy nos instruye y nos prepara para la verdadera comprensión de la penitencia

El domingo  de Septuagésima, la Iglesia nos proponía la epístola en la cual San Pablo compara a deportistas que corren al combate para el Reino de Dios.

El domingo de Sexagésima la parábola evangélica nos enseña que es necesario cultivar la tierra de nuestro corazón y de nuestra vida, la simiente divina, es decir la Palabra traiga sus frutos. El período de penitencia es aquél en el cual Dios nos da la posibilidad de ser colaboradores de nuestra salvación, de trabajar sobre nosotros mismos.

Los cuatro suelos que habla el Gran Sembrador, representan la humanidad, cuatro caracteres del hombre, los cuatro acogen con entusiasmo la Palabra de Dios, los cuatro vienen a la Iglesia, descubren ahí algo maravilloso, los cuatro dicen en una oración interior, “Señor me has arrebatado y he comprendido”, pero tres de ellos no cultivaron su corazón, y el demonio les arrebata la Palabra.

Entonces esos seres se entusiasmaron y después de golpe, al mes, un año, diez años se vuelven enemigos de la Iglesia, y no ven nada más que el mal en ella.

Los primeros no cuidan el grano divino, rápidamente los pasantes lo aplastan y los pájaros del cielo vienen a comerlo.

Los segundos, aquellos que asemejan a piedras, no profundizan sus raíces en el suelo pedregoso, y no retienen la Gracia, ya que no es suficiente recibirlas, hay que acogerlas, preservarlas para que sean raíz, la abandonan, no queda nada.

¿Es la falta del Padre?, ¿Es la falta de la Iglesia?, ¿Es la falta de alguien?, que no conoce la penitencia real, la cuaresma auténtica, cultura de todo nuestro ser.

Los terceros se dejan arrastrar por las preocupaciones, ocupaciones, placeres, riquezas, no pierden inmediatamente la Gracia, pero permiten a las malezas ahogarla.

La parábola es explicada por el Cristo mismo, veamos lo que significa ella para nosotros. No es suficiente sentir la Gracia, ser golpeado por su Luz, correr hacia ella con entusiasmo. Es necesario, (así es el pensamiento divino) trabajar su propia tierra y este suelo espiritual, no es solamente nuestro suelo individual, sino también el de las civilizaciones; ya que la parábola evangélica se aplica igualmente a ellas. Civilizaciones que son superficiales como las modas, otras pedregosas y satisfechas de si mismas o bien ahogadas por las preocupaciones.

La palabra es siempre similar y aquellos que luchan por ella encuentran obstáculos análogos sobre planos diferentes. No nos asombremos que haya tanta gente que no comprende ya más el Evangelio de la Palabra de Dios

Examinemos atentamente el suelo espiritual de tal medio, de tal cultura, de tal pueblo y encontraremos las razones profundas de este alejamiento

A la humanidad, a cada uno de nosotros pertenecen cultivar su tierra para permitir la plenitud del Verbo Simiente. El período de Cuaresma no es la de una penitencia pasiva, es un trabajo testarudo sobre nosotros mismos, para abrir  nuestro corazón, a fin de que pueda regar y cuidar el grano de la Gracia.

Vayamos ahora a la Epístola de hoy, es un clamor de confesión de San Pablo.

La mayoría de los fieles que se precipitan para hablar a los sacerdotes, ¿Por qué se precipitan?. Porque esos fieles tienen apuro de salir de las pruebas, esa es su primera preocupación, ya no quieren tener más pruebas, inquietudes o enfermedades, desean rechazar las pruebas espirituales, la pereza del alma, la incapacidad de orar, dicen que todo esto es porque se los persigue, no se los comprenden.

El Apóstol Pablo canta sus pruebas, perseguido, maltratado, traicionado por falsos hermanos, lapidado, tuvo más pruebas que los otros. Primera actitud del cristiano, si somos verdaderamente apóstoles confesores por el Nombre del Cristo, no nos asombremos de las pruebas, ellas trabajan nuestra tierra, nuestra sangre y en ellas recibimos la Simiente eficaz del Verbo. No se asombren de Su Presencia, inquiétense más bien del crecimiento del grano divino, de sus raíces nacientes en vuestro ser. No se equivoquen, aquel que sirva al Cristo se carga de la Cruz, no es ciertamente que haya que buscar las pruebas, pero ellas llegan para nuestro bien y es en la perseverancia que fortalecerán nuestra alma.

La enumeración del Apóstol Pablo, soy hebreo como los otros, fatigado más que nadie, hambriento, mal vestido, habría peligro si no se captara exactamente el sentido de estas palabras, llegar a un punto del sufrimiento y de complacerse en él.

Constatando su debilidad y aceptando el sufrimiento, el corazón se abre a la simiente del Verbo. El hombre contento de su estado espiritual cierra los Cielos y se cierra el mismo. Y el Apóstol continua: conozco  un hombre en el Cristo que fue arrebatado hasta el tercer cielo por encima de los Tronos, Querubines, Serafines, -presten atención a estas expresiones-; no dice Yo subí, dice Yo conozco un hombre dejando adivinar que quizás es él o quizás no, y luego me ha sido puesto una astilla en la carne, un ángel de Satán ha sido encargado de darme golpes, he orado al Señor para que lo aleje de mi, pero Él me declaro: mi Gracia es suficiente para ti.

El Apóstol testimonia, si son arrebatados hasta el tercer Cielo y reciben Gracias resígnense a las pruebas y bendigan a Dios inmediatamente a fin de que  vuestra tierra espiritual sea trabajada y si Dios permite una astilla en vuestra carne, dar gracias será suficiente para Ustedes.

Vemos por un lado que la Gracia es suficiente y por otro lado, hay  que trabajar nuestro corazón para que nuestra vida se vuelva una copa que contiene la Gracia y la Sangre Divina.

Les deseo amigos míos pasar la primavera de nuestra alma y llegar a la Semana Santa y las Pascuas gozosas con ese corazón renovado por el gozo de las pruebas. Como decía un Maestro  espiritual del Monte Athos nacido al cielo hace pocos años: “Bendigo a Dios, manteniéndome en el infierno”.

AMÉN

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Una respuesta a EL DOMINGO DEL SEMBRADOR

  1. adriana susana magdalena dice:

    querido padrecito, gracias por recordarme esta homilía..es un regalo antes de viajar..mucho trabajo interior todavía por hacer en este peregrinar de la vida en este mundo. ojala tenga y tengamos la fortaleza de la fe, y la gracia de Dios para soportar las pruebas.
    hasta la vuelta….

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