Espíritu y Libertad

Espíritu y libertad

Monseñor Jean de Saint Denis

El hombre que ha encontrado el espíritu en sí mismo no es todavía el hombre espiritual en quien el alma, el cuerpo y toda la conducta son guiados según el espíritu.  El va a cometer faltas en su vida porque no va a vivir todo el tiempo por el espíritu, sino más bien por reacciones psíquicas o pasionales.

Sin embargo, sus faltas no serán mortales para él, sino accidentales, ya que –al haber encontrado el espíritu– en un momento dado recuperará su equilibrio.  Por el contrario, aquél que no ha encontrado el espíritu se deja arrastrar hacia el mundo psíquico sin saber cómo.

Somos realmente libres en el espíritu.  Nuestro cuerpo está condicionado.  Se ha nacido de tal manera…, etc.  Tengo una cierta libertad en el plano psíquico.  Tengo la libertad de hacer tal gesto, o de no hacerlo.  Puedo rechazar tal o cual cosa en nombre de ciertos principios.  Puedo mantener o no la palabra dada, las leyes o los mandamientos.  Puedo conducirme por mi voluntad…

Por cierto, hay un lugar para la libertad, pero ella está muy limitada porque el temperamento del hombre y su medio la limitan.  En el fondo, muchas cosas en nuestra vida no son libres.  Así, un simple medicamento puede cambiar nuestros pensamientos o nuestros estados de ánimo.  Si se puede curar la locura con píldoras, si no hay más mundo psíquico, ¿adónde vamos?, piensan algunos que ante eso dicen: ¡es puro materialismo!

Pero el Cristo no nos ha dado solamente las palabras.  También nos ha dado la copa y el pan.  Son sustancias químicas que pueden influenciar nuestro psiquismo tanto como lo pueden hacer las inyecciones o los narcóticos.  Las tradiciones orientales conocen bien estos elementos, que producen estados de ánimo diferentes, y visiones a veces sublimes.

El medio, el temperamento o la química pueden entonces condicionar nuestra libertad.  Pero el espíritu es autónomo.  En él se es libre porque no se lo puede tocar desde el exterior.

Si me refiero a las imágenes y al lenguaje místico, el espíritu es la libertad, la estabilidad, la luz, la paz…, cantidad de palabras a las que se pueden agregar otras que ya pronuncié: victoria, embriaguez divina, de la cual Simeón el Nuevo Teólogo da una imagen admirable: “Un vino de buena calidad en el que se refleja el sol”.  Y agrega: “No sé qué es más embriagador: beber o ver la belleza del vino”.  Para él, beber se dirige al Espíritu Santo; ver la belleza, al Cristo.

Pero esta embriaguez divina, esta victoria que llega en el espíritu, es el después de la paz, es la libertad.  Hay incluso un pasaje entre el alma y el espíritu que aparece como un pequeño río de no-ser.  Es exactamente esa imagen la que daba la Antigüedad, cuando había que pasar del otro lado del mundo: se atravesaba de una orilla a la otra en el barco del barquero.

Hay entonces un corte, y si quedan restos de relación eso no es todavía el espíritu.  Este corte explica que se pueda tener estados de alma y estados de espíritu absolutamente diferentes, o que los mismos sean correlativos.

Si el espíritu influencia el alma, ésta necesariamente va a imitar al espíritu.  Si el alma está en paz, está contemplativa, y en armonía con el espíritu.

* * *

¿Existe alguna relación entre el cuerpo, el alma y el cosmos?  Hay que tener una visión ajustada.  El cuerpo comulga con el universo por el alimento, el aire…, pero también por la visión: al mirar; es necesario ver los colores, o bellos paisajes.

Esta comunión es la eucaristía del cuerpo, que debe estar en relación litúrgica exacta con la naturaleza.  Ya que todas las relaciones a-litúrgicas del cuerpo con la naturaleza nos quiebran.

Los pueblos antiguos eran sabios.  En las bodas, tenían una liturgia del arte sexual.  No eran desordenados, y sabían que hay una correlación entre el cuerpo y el cosmos.  En cambio ahora estamos mal alimentados, desequilibrados.

El alma se nutre normalmente del plano psico-espiritual: amistad, pensamientos, arte…  Es absurdo pensar que el arte pueda ser un elemento de lujo.  El arte es el pan cotidiano del alma.  El arte, en sus diferentes formas –la cultura, la civilización, las relaciones humanas– es el alimento de nuestro psiquismo, tan indispensable como el pan y el agua.

El espíritu se alimenta sólo de Dios.  Hay que encontrarlo.  Y para que crezca hay que rogar a Dios.  El encuentra su musculatura en Dios.  La plegaria puede ser de súplica o de alabanza, una penitencia o un diálogo, pero también debe ser una plegaria-alimento.  Si no, el espíritu se vuelve parásito del alma y da un valor falso a todas nuestras reacciones psicológicas.

Un sentimiento amoroso normal, por ejemplo, puede tornarse una pasión absoluta si el espíritu no está alimentado en su justa medida.  Como el espíritu es absoluto, como debe vivir de algo, y como el material del psiquismo no le es suficiente, da a nuestro sentimiento normal un carácter de pasión absoluta.  Un hombre enamorado que debe dejar a su amada mañana dirá, de todas formas, “Te amo para siempre”.  ¿Por qué?  Por culpa de este carácter de absoluto.  Freud analizó de manera errónea este tipo de palabras.  El enamorado cree que ama para siempre porque su espíritu, al no estar enamorado de Dios, se alimenta de su pequeña pasión psico-física, y le confiere un carácter de absoluto que no le es propio.

El psiquismo se desequilibra porque el espíritu es parásito del alma.  Esta, al no estar esclarecida desde lo alto por el espíritu, se hace parásita del cuerpo.  Y esta invasión del psiquismo en el cuerpo da nacimiento a un buen número de enfermedades.  Estas enfermedades provienen de la invasión del cuerpo por el alma.

 

Extraido de Los Caminos del  Hombre

 

Publicado en Artículos, Monseñor Jean de Saint Denis | Etiquetado como: , , , | 1 Comentario

Una respuesta a Espíritu y Libertad

  1. adriana dice:

    ´cuanta profundiad, es inagotable la lectura de monseñor Jean..gracias por traerla cualquier dia..

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *