San Isidoro de Sevilla

 

La figura de San Isidoro domina una época brillante de la historia del Occidente Cristiano.

Hay en ellas valores hispánicos, que pocos hombres de su tierra lograron igualar; y valores universales que ninguno ha superado. Ningún otro español logró dejar una huella mas amplia y duradera fuera de los límites de su patria.

Trabajó únicamente a favor de un pueblo, de su pueblo,y su obra fue el patrimonio común de un mundo.

Sus contemporaneos adivinaban ya en él algo prodigioso. Al verle tan obstinado en aquella su doble lucha : lucha contra la ignorancia y lucha contra la anarquía, fundando escuelas, dirigiendo la Iglesia y el reino, dictando cánones, codificando leyes, refutando herejías, reuniendo concilios , publicando libros y más libros , libros de teología y de ciencia, de jurisprudencia y de historia, pensaban que aquél hombre era un milagro de Dios, que una intención especial de la Providencia le había colocado en aquél mundo revuelto, donde se veía fresco todavía el rastro sangriento de la invasión.

Su padre era hispano-romano, originario de Cartagena, la antigua capital de la Cartaginense ocupada durante mas de medio siglo por Bizancio; su madre posiblemente era de origen visigodo . La preferencia religiosa del padre le hubieran podido inclinar a ganarse el favor de los nuevos dominadores de su ciudad natal, pero prefiere ausentarse para servir mejor a su patria . Y emigra llevando consigo a su mujer y a sus hijos: el mayor Leandro que es un adolescente , otro que tiene unos años menos , Fulgencio , y una niña muy pequeña que ni se da cuenta de aquella emigración, Florentina . Llega a la región de Sevilla y allí no tardará en tener otro hijo, Isidoro, que será la lumbrera de su tiempo , el restaurador , destinado providencialmente , para restaurar después de tantas ruinas y catástrofes , las tradiciones científicas y religiosas . Si los Bizantinos se apoderaron de Cartagena en 554, Isidoro nació alrededor del 556.

Al morir sus padres, Leandro se hace cargo de sus hermanos pequeños, donde Isidoro recibe inicialmente su primera formación de su hermano mayor, completándola en la Escuela Catedralicia de Sevilla. Isidoro se aplicó con tal diligencia al estudio que en breve lapso de tiempo llegó a dominar el Latín, el Griego y el Hebreo.

Permanece como una cuestión abierta, incluso en nuestros día , la de si Isidoro abrazó o no la vida monástica . Desde su elevación al  Episcopado se constituyó así mismo en protector de los monjes. En 619 pronunció un anatema contra cualquier eclesiástico que de cualquier manera molestase a los monasterios.

A la muerte de su hermano Leandro, Isidoro lo sucedió en la sede de Sevilla. Su largo ministerio en esta Sede coincidió con su período de desintegración y transición. Las  antiguas  instituciones y los estudios clásicos de la época del Imperio Romano iban desapareciendo aceleradamente.

Una nueva civilización se iba gestando en España a partir de la combinación de los variados elementos raciales aportados por los diversos pobladores . Durante casi dos siglos los Godos habían estado en pleno control de España y sus maneras bárbaras y su desprecio por el estudio amenazaban grandemente con retardar el desarrollo de la civilización.

Dándose cuenta de que tanto el bienestar espiritual como el material de la nación dependían de la completa asimilación de los diversos elementos . San Isidoro se asignó a sí mismo la tarea de unificar en una homogénea nación a los variados pueblos que componían el Reino Hispano-Gótico. Con esta finalidad hizo uso de todos los recursos que le ofrecían tanto la religión como la educación. Sus esfuerzos fueron seguidos de un completo suceso. El Arrianismo que había echado profundas raíces entre los Visigodos, fue erradicado , y la moderna herejía de los Acéfalos fue completamente sofocadas desde los inicios, además, la disciplina religiosa fue fortificada por doquier.

A semejanza de Leandro, participó activamente en los Concilios de Toledo y Sevilla . Con toda justicia se puede decir que en una gran medida fue debido al iluminado gobierno de estos dos ilustres hermanos que la legislación Visigoda, emanada de estos Concilios, según los historiadores, ejerció una importante influencia en los orígenes del gobierno representativo.

Isidoro presidió el Segundo Concilio de Sevilla comenzado el 13 de noviembre de 619; pero fue el IV Concilio Nacional de Toledo el que le proporcionó la oportunidad de prestarle uno de los más grandes servicios a su jurisdicción. En este Concilio, iniciado el 5 de diciembre de 633 , todos los Obispos de España, estando presente San Isidoro, a pesar de  avanzada edad, le  encomendaron la presidencia de las deliberaciones, y fue el proponente de muchas nuevas legislaciones . Fue en este Concilio y por su influencia, que un decreto fue promulgado ordenando a todos los obispos establecer seminarios en las Catedrales de sus Ciudades según los parámetros de la escuela ya existente en Sevilla.

En su propia jurisdicción desplegó todos los recursos de la educación para contrarrestar la naciente influencia del barbarismo gótico. Este fue el avivamiento espiritual que animo el movimiento educativo del cuál Sevilla fue el centro.

Fue el primer escritor Cristiano en emprender la tarea de compilar una suma del conocimiento universal .Esta enciclopedia compendió todas las ciencias, tanto la antigua como la moderna . En ella muchos fragmentos de los conocimientos clásicos fueron preservados y esto impidió que se perdieran irreparablemente . La fama de este trabajo le dio un nuevo ímpetu a los escritos enciclopédicos, los cuales dieron abundantes frutos en las subsiguientes centurias de la Edad Media.

Isidoro fue el último de los antiguos Filósofos Cristianos, el último de los Grandes Padres Latinos. Fue indudablemente el hombre más sabio de su época y ejerció una profunda influencia en la vida educativa Medieval. Como escritor , Isidoro fue prolífico y versátil en grado extraordinario .

 

La mas importante y en mucho la mas conocida de todas sus obras son las  Etymologías u Orígenes como también es conocida. Fue escrita poco antes de su muerte, en la plena madurez de su erudición, a petición de su amigo Braulio, obispo de Zaragoza. Se trata de un inmenso depósito en el que es almacenado, sistematizado y condensado, todo el conocimiento de su tiempo. A lo largo de una gran parte del Medioevo fue el texto mas usado en las instituciones educativas.

Entre sus primeras obras está un diccionario de sinónimos, un tratado de astronomía y geografía, un resumen de la historia de la creación , biografías de hombres ilustres, un libro sobre los valores del Antiguo y del Nuevo Testamento, un código de reglas monacales, varios tratados teológicos y eclesiásticos y la historia de los Visigodos, que es lo más valioso en nuestros días, ya que es la única fuente de información sobre los Godos. También escribió historia sobre los Vándalos y los Suevos.

Isidoro había crecido entre  los ritos del coro monacal, y entre las melodías litúrgicas . Leandro, su hermano había sido un liturgista notable , por quien la Iglesia Sevillana se enriqueció con nuevas  plegarias traídas del Oriente Bizantino. Isidoro continua la obra de su hermano Leandro ; y durante su gobierno en el monasterio observo con especial interés el coro de los monjes. No quería oficios largos, pero sí que se celebren con gravedad y solemnidad .

Todo era orden en la basílica isidoriana y todo dentro de ella debía realizarse con unción, con arte y con majestad. Son sagradas todas las fórmulas de la liturgia: himnos, oraciones, cánticos, salmos, antífonas, responsorios, lecciones. Isidoro recomendaba:

” Qué cuando se canta , canten todos ; Cuando se reza , recen todos ; cuando se lee , que lea uno y los demás escuchen en silencio .”

En su entusiasmo por la plegaria comunitaria de la Iglesia  Isidoro se esfuerza por introducir entre el clero el rezo de las horas canónicas, que entonces sólo se rezaban en los monasterios . Isidoro habla repetidas veces de la música litúrgica en sus libros y tal vez fue también compositor como lo fueron su hermano Leandro y su amigo Braulio.

En el antifonario mozárabe aparece una melodía sobre la cual se lee esta nota: “Del Señor Isidoro “ . Una nota semejante se lee al principio del oficio del Sábado Santo. Es un oficio compuesto por San Isidoro , y como suyo lo citaba ya en el siglo VII el Arzobispo Elipando de Toledo. Son dos poemas de una grandeza soberana . El primero comienza con esta humilde invocación :

” Dame, Señor, que tu alabanza resuene sin cesar en mis labios ; tu que levantas al pobre de la tierra, y del estiercol al indigente, pon en mi boca un himno sonoro para cantar al Dios omnipotente , principio de todo aliento de vida , autor , señor y salvador de toda criatura. “

Poco a poco el tono se eleva y el pensamiento se hace mas audaz en la segunda poesía :

” ¿ Hay cosas más antigua y más sublime que vigile para ti en la esperanza de la eternidad la mortalidad resucitada ? Para ti, que por tu espíritu vivificante salvaste el vaso que la culpa había precipitado en la ruina, recogiéndole de entre los escombros y las cenizas ; para ti que plantaste los gérmenes fecundos de la nueva vid para hacernos olvidar el sabor amargo de la manzana antigua . Ahora comemos y nuestra vida no se envenena. Desata la gracia a los que ató la concupiscencia. De un árbol se alzó la noche del crimen, y de un leño brotó la luz de la salvación. Creados con clemencia y redimidos con más clemencia todavía: allá Dios trabajó para plasmar, aquí sufrió para redimir . Vistió la carne , pero no se despojó de su gloria; nació con nuestro cuerpo , pero concebido con pudor inmaculado ; en el tiempo , de la Virgen; del Padre , en la eternidad ; humillando lo divino para levantar lo terreno …Y esta  es la noche luminosa, santificada con la celeste victoria; la que asistió al renacimiento del mundo , al recibir a Cristo triunfador del reino de la muerte ; la que limpia con el torrente de la salud las manchas de la prevaricación ;la que destruye los harapientos vestidos del crimen con el contacto del líquido elemento , la que con las ondas del bautismo presenta el precio de la carne y hace que al caer el hombre viejo , el nuevo se levante gozoso .”

 Un estilo semejante nos ofrece la bendición del cirio o los simbolismos del incienso y de la cera .

Isidoro creó escuela ; sus discípulos directos e indirectos hasta los últimos días del Imperio Visigodo , Braulio , Badwigio de Baeza , Eugenio , Conancio de Palencia , Ildefonso y Julián , fueron litúrgistas como él , y adornaron con su inspiración las festividades sagradas , siguiendo sus huellas , imitando su estilo y dando a la antigua liturgia española , casi enteramente anónima , un carácter inconfundible , que es , ante todo, la expresión del alma española en un momento característico de su historia..

En el Concilio de Toledo una de las principales preocupaciones de Isidoro fue el decoro de la casa de Dios , la belleza y uniformidad del culto . Mas de una docena de cánones tienen esa finalidad . Cada Iglesia podía tener su formulario distinto , sus misas propias , sus fiestas particulares , pero el esquema general en que habían de encajarse las fórmula era intangible. En adelante todas debían celebrar al mismo tiempo el día de la Pascua , todas debían celebrar el bautismo con una sola inmersión , todas debían practicar el rito de la indulgencia el día de Viernes Santo y tener en la misma forma la vigilia de la Noche Pascual , en que se cantaba el elogio del cirio , y rezar el Padre Nuestro al fin de todos los oficios y suprimir el Alleluya durante la Cuaresma , y terminar los salmos con la doxología , y seguir las mismas rúbricas en la celebración de la misa y el mismo rito en la reconciliación de los penitentes y el mismo orden en la recitación de los oficios matutinos y vespertinos .

Fue Isidoro quien inspiró esta legislación cultual : añadió , podó , depuró , unificó , y de este modo su huella por el campo de la liturgia española quedará firmemente impresa hasta el momento de su abolición en los últimos años del siglo XI .

Se conserva también uno de los más interesantes libros de Isidoro , el de Oficios Eclesiásticos. Es una obra de los primeros años de su episcopado , publicada en el 619 , fecha de la muerte de su hermano Fulgencio , obispo de Ecija a quien se lo dedica .Este libro es una clave de la teología y del simbolismo litúrgicos . Las rubricas de los sacramentos , los ritos de la misa , los vestidos sacerdotales , los mismos textos sagrados . Estos dos libros serán el arsenal de los predicadores visigodos y el manual de la formación clerical . Regla de los Clérigos , la declaró el Concilio Toledano .

En medio de sus continuas ocupaciones de metropolitano y escritor , de consejero de reyes , y director de concilios, de organizador del reino y de la iglesia , Isidoro parecía sentir la nostalgia del retiro monacal.

El pensamiento de sus pecados le inquieta constantemente en los dos últimos años de su vida . En sus cartas , en sus libros no duda en confesarse un gran pecador , y pide la intercesión de sus amigos para implorar en su favor la misericordia divina.

Un texto antiguo que se remonta a los tiempos en que se conservaba fresco aún entre los españoles el hálito de su espíritu, lo pinta con estas palabras :

” Fue largo en las limosnas , insigne en la hospitalidad , sereno de corazón , veraz en sus palabras , justo en los juicios , asiduo en la predicación , afable en las exhortaciones , habilísimo para ganar las almas a Dios , cauto en la exposición de las escrituras , sabio en el consejo , humilde en el vestir , sobrio en la mesa , pronto a dar la vida por la Verdad y eminente en toda clase de bondades.”

La oración es para él el remedio del pecado , el martillo de los vicios y la atmósfera de la vida cristiana. ” Todo progreso espiritual , nos dice , viene de la lección y de la meditación . La una nos instruye y la otra nos purifica . Es preciso leer frecuentemente y orar mas frecuentemente todavía para vivir en unión con Dios . La oración oscura y prolija , cansa , la clara y sencilla deleita 

En realidad , aquel erudito sin igual , aquel gran gobernante , dotado como pocos del genio del orden , era también un místico , y como un místico se nos revela en el libro de los Sinónimos , efusión inflamada del corazón llagado por las tristezas de la vida , dialogo emocionante entre el alma , que oprimida por el dolor llega a desear la muerte , y la razón que la consuela con la esperanza del perdón , la belleza íntima de la virtud , las dulzuras de la bondad divina y las alegrías inefables de los caminos de la perfección .

La Edad Media encontró en este libro un método de la vida perfecta ; lleno de unción y de sabiduría . Es la efusión del alma de su autor , el reflejo de su vida interior y el eco de sus combates espirituales , es la historia de un alma que sufre la nostalgia del cielo y tiene la impaciencia del bien.

En la fiesta de la Navidad de 633, encontrándose nuevamente en Sevilla piensa que debe prepararse para morir , su obra estaba terminada . Había hecho el esfuerzo supremo de salvar a su pueblo , y era ya hora de descansar. Por aquel mismo tiempo , la muerte le arrebataba al ser más querido que aún le quedaba en el mundo : su hermana la Virgen Florentina , que había seguido con interés sus trabajos literarios y le había sostenido en sus tareas apostólicas.

Isidoro casi octogenario , todavía predica , lee y recibe al pueblo en el pórtico de su morada , pero sobre todo reza y llora. A fines del año 635 , conoció que se acercaba su muerte , entonces multiplicó sus limosnas. Siendo Abad , distribuía a los pobres la tercera parte de las rentas del monasterio ; nombrado obispo , aumentó las distribuciones de pan y de dinero , ahora su alegría no estaba en la biblioteca , sino entre los indigentes.

Durante sus últimos seis meses de vida , desde la salida del sol hasta que tocaban a vísperas , el desfile de indigentes frente a su casa era constante. Él se adelantaba hacia la multitud harapienta y maloliente , con paso vacilante, demacrado el rostro y el cuerpo devorado por la fiebre .

Era en los últimos días de marzo , cuando el pueblo se preparaba para las solemnidades de la Semana Santa . Isidoro tuvo que renunciar a lavar los pies  a los pobres, a consagrar el Santo Crisma y a bendecir las aguas bautismales.

El 31 de marzo, reanimado por la alegría de la Pascua , se sintió con fuerzas para salir de su celda que era su habitación , y trasladarse a la Basílica de San Vicente. Quería postrarse por última vez delante de las reliquias del mártir y someterse al rito de la penitencia. Su paso por las calles fue una manifestación de duelo , acompañado y sostenido por los obispos de Itálica y Niebla , Eparquio y Juan .

Ya en la basílica, Isidoro fue colocado en el ábside junto a la cancela del altar , el rito era emocionante , un sacerdote rasuraba la cabeza del moribundo, lo vestía de cilicio y derramaba sobre él un puñado de ceniza en forma de cruz. El penitente confesaba luego en alta voz sus pecados, y a continuación recibía el Santo Viático. Después venía la sentencia sacerdotal.

Tres días después , el cuatro de abril , la muerte de Isidoro venía a interrumpir los júbilos pascuales . El primer anuncio , como lo mandaba la rúbrica , la dieron las campanas de Santa Cruz de Jerusalén , la Iglesia principal de Sevilla . Después todas las campanas de la ciudad y del contorno lloraban la desaparición del hombre entorno del cual había guiado la historia de España durante medio siglo.

El pueblo acudió a rendirle el último homenaje , en la Iglesia Catedralicia, los clérigos rezaban salmos y encendían luminarias . Delante del altar se alzaba el féretro, sobre el féretro el cadáver. Su rostro de cera se hundía en el capuchón, la estola descendía hasta sus pies y una casulla blanca cubría su cuerpo. El libro de los Evangelios envuelto en un paño de lana descansaba sobre su pecho, y sus manos atadas con cintas de seda , sostenían la ampolla de los Santos Óleos, signo de la dignidad episcopal.

Un obispo cantaba la misa, la multitud rezaba en las naves, y el coro de los clérigos se agrupaba alrededor de los despojos. Después cuatro diáconos levantaron el cadáver y marcharon hacia la Iglesia en la que se había preparado el sepulcro.

Allí otra misa episcopal y a continuación el sepelio. En un ángulo de la Iglesia, había un amplio sarcófago, un panteón familia , sobre el cual se alzaba la silueta de una cruz. Leandro descansaba ya hacía mucho tiempo en su interior; y unos años antes Isidoro había puesto allí a su hermana Florentina .

Un diácono derramó sobre el sepulcro un poco de sal , otro le perfumó con incienso y mientras el coro cantaba una antífona dos prelados se acercaban al difunto y sobre sus labios derramaban el Santo Crisma . Mientras los clérigos colocaban el cuerpo en el sarcófago, y dejaban caer la losa y la sellaban con el sello episcopal, el celebrante pronunciaba sobre la muchedumbre las palabras de despedida.

Sus discípulos y amigos derramados por toda la península se encargaron de mantener fresca su memoria , de recoger sus enseñanzas y de reproducir sus libros. Cuando la primera  generación desaparece , sucede otra más entusiasta todavía , la que en 653 , por boca de sesenta y cinco Padres del Concilio octavo de Toledo , presidido e inspirado por San Eugenio , declara al obispo de Sevilla ” el doctor insigne de nuestro siglo , el novísimo ornamento de la Iglesia , el último en el tiempo , pero no en la doctrina , el varón más sabio de los últimos siglos , cuyo nombre hay que pronunciar con reverencia “

 La España Visigótica vivía del impulso de Isidoro, lo mismo en el aspecto religioso que en el literario y social.

Pero en 1063 llegan a Sevilla dos santos obispos, Alvito de León y Ordoño de Astorga. Van por orden del rey Fernando a buscar las reliquias de las dos mártires sevillanas Justa y Rufina . Pero los cuerpos de las Santas no aparecen, y ya preparaban su regreso a su tierra, cuando una noche se les presenta un varón de augusta presencia, cubierto de venerables canas y vestido con ínfulas pontificias. ” Yo soy – les dice- el Doctor de  España  y obispo de esta ciudad , Isidoro.” En una segunda aparición indica el lugar donde estaba enterrado y su deseo de ser trasladado a la corte del Rey de León.

Abierto el monumento, emanó inmediatamente una maravillosa fragancia, que cubrió a todos los presentes , como un vapor y nectáreo rocío de bálsamo.

El 23 de diciembre de aquél mismo año , acompañado de un magnífico cortejo de condes, obispos y otros dignatarios del reino , parten rumbo a León donde  estas Santas reliquias de San Isidoro son recibidas por el Rey Fernando el Magno y depositadas en una basílica que se acababa de construir y que se llamó desde entonces Iglesia de San Isidoro .

Allí habían trabajado y seguirían trabajando los más sabios arquitectos , los más hábiles orfebres , los mejores escultores y decoradores que se pudieran hallar en el reino y fuera de él .España consagraba a su gran Doctor lo mejor de su inspiración y su riqueza , la flor de su renacimiento artístico , uno de los más bellos monumentos del nuevo estilo Románico.

Pero allí entre los nobles y prelados , celebrando el triunfo del Obispo de Sevilla, se encontraba también un obispo francés:” Petrus francigena episcopus sedis Podii”  Atraído por las peregrinaciones a Santiago de Compostella o por la magnificencia de la corte del rey leonés , este extranjero era como el anuncio de la avalancha de la penetración ultramontana que no tardaría en derramarse por todo el norte de España , invadiendo el ejército , infiltrándose en la corte , apoderándose de las mitras episcopales, y transformando la disciplina de los monasterios . Esta invasión , debida sobre todo a la influencia de los cluniacenses , venía a renovar el país , a unificarle con el resto de la cristiandad y por tanto a mermar los viejos valores de la tradición isidoriana . Desaparece la liturgia mozárabe , se suprime la letra visigótica , y pronto la Vulgata , arrinconará el viejo texto  isidoriano.

La figura de San Isidoro aparece desde entonces aureolada con fulgores de leyenda. Su vida se reviste de anécdotas fantásticas, se amplia desmesuradamente el campo de su acción , y su nombre se mezcla en las más extrañas aventuras .

Aquella España , que había permanecido replegada en sí misma desde los últimos días del Imperio Romano, sin el espíritu peregrinante de las cristiandades célticas, sin el anhelo misional de los monjes merovingios, penetra de súbito en todos los círculos de la sociedad nueva por medio de los libros de su gran Doctor .

Esos libros pasan las fronteras antes de morir Isidoro, y aún no ha terminado aquel glorioso siglo VII , cuando ya se leen en los centros culturales y científicos de Italia , Francia , Irlanda e Inglaterra . De las Galias , por medio de los monjes irlandeses, los escritores isidorianos llegan a todos los países donde se estudia la lengua latina . El prestigio de Isidoro decrece al acercarse el Renacimiento .

Se ha llamado a San Isidoro ” el último Padre de la Iglesia de Occidente”. Fue un restaurador y un animador ; un pedagogo incomparable , el Padre espiritual de muchas generaciones y el Doctor universal de un milenio .

**********

 

Extraído del Libro : San Isidoro de Sevilla, su vida , su obra y su tiempo, del benedictino Fray Justo Pérez de Urbel  ( 1895-1979 ) Editado por la Cátedra de San Isidoro de la Real Colegiata de León y la Universidad de León

Publicado en Vida de Santos | Deje un comentario

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *