San Martín de tours

 

4567Martín nació en Sabaria  , Panonia, hoy Hungría, en 316. Sus padres eran romanos. Su padre, oficial del ejército y pagano convencido, le puso el nombre de Martinus, es decir “pequeño Marte”, ofreciéndolo así al Dios de la guerra. A los 10 años, Martín corrió a la iglesia a pesar de sus padres, y se hizo inscribir entre los catecúmenos. A los 15 años, su padre lo entregó por la fuerza  al ejército romano.

Un día, en el año 334, a las puertas de la ciudad de Amiens, al norte de Galia, un hombre desnudo y casi muerto de frío le pide limosna. Martín observa que los transeúntes no responden, echa mano a su bolsa, pero no encuentra nada. Entonces, con su espada corta en dos su amplio manto militar y da la mitad al pobre. Los testigos se burlan de este soldado vestido con un manto trunco. A la noche siguiente, el Cristo se le aparece cubierto con la mitad del manto, diciendo a sus ángeles: “Siendo aun catecúmeno, Martín me cubrió con este vestido”

En la noche de Pascua del mismo año, Martín es bautizado y crismado. Pero, como cristiano, estaba obligado a no matar; como oficial debía servir al ejército durante veinte años. Años después renunció a la vida militar y marchó a Poitiers, donde fue discípulo del obispo San Hilario, gran defensor de la fe ortodoxa contra los arrianos. Ordenado exorcista, vive en una cabaña según la tradición reciente de los Padres del desierto, en la oración continua. Poco  a poco, con discípulos, las simples cabañas de madera constituyen el primer monasterio de Occidente, donde la plegaria es incesante y la comunidad, fuerte y estable

El 4 de julio de 371, llamado por el pueblo es consagrado obispo de Tours. Sigue llevando, con ochenta monjes, una vida simple y santa. La intensidad de la vida del Cristo, que lo atraviesa, hace surgir de sus manos curaciones innumerables y de su corazón la gran obra de la evangelización de las campiñas de Galia. Funda así las primeras parroquias rurales de Occidente. Un día ordena cortar árboles que eran objeto de devociones y los sacerdotes paganos le dicen: “Nosotros cortaremos el árbol, pero tu estarás debajo para recibirlo en su caída”. Y atan a Martín en el lugar donde el árbol debía caer. El pino empieza ya a inclinarse hacia Martín con gran ruido, cuando éste levanta su mano en signo de bendición. El pino, como arrastrado hacia atrás por un torbellino, cae del lado opuesto, y los que lo cortaban escapan por poco a la muerte. Un gran clamor se levanta y la multitud de paganos pide el bautismo y la imposición de manos para creer en el Señor Jesús.

La Divina liturgia era una acción esencial en la vida de Martín. Se preparaba a ella mediante un largo momento de silencio y celebraba de manera muy simple. Un día, el santo obispo incensaba el altar, y se vio surgir de su cabeza un globo de fuego con gran irradiación de luz, como una larga cabellera de llamas.

Cuando anuncia a sus discípulos que va a morir, los monjes le dicen: “¿Por qué nos abandonas?” Y Martín dice a Dios: “Señor, si soy  todavía necesario a tu pueblo, no me niego a trabajar”. A  pesar de la violencia de la fiebre, todos lo ven orar constantemente con los ojos y las manos vueltos hacia el cielo. Cuando la muerte se acerca, viendo al Maligno, el enemigo del hombre, le dice: “¿Qué haces aquí, bestia sanguinaria?. No encontrarás  nada para ti en mí. Es el seno de Abraham el que me va a recibir” Diciendo esto, entrega su espíritu el 8 de noviembre de 397. Al instante su rostro se transfigura y sus miembros se ponen blancos como la nieve. Cubierto con in cilicio y acostado sobre la ceniza, manifiesta ya la Gloria de la Resurrección con una carne nueva. El 11 de noviembre es enterrado en medio de una muchedumbre inmensa, conducido por sus discípulos, dos mil monjes y monjas.

La Gloria de San Martín y sus milagros se propagaron por el mundo entero, de Occidente hasta Oriente. Siete mil iglesias le están dedicadas en decenas de países. Su tumba se convirtió en lugar de peregrinación.

El 20 de octubre de 1580, habiendo tirado a suertes y después de haber obtenido tres veces el mismo resultado, San Martín fue elegido Patrono de Buenos Aires, en presencia del ilustre vizcaino  Juan de Garay, que el 11 de junio del mismo año había repoblado a Buenos Aires bajo la advocación de la Santísima Trinidad.

Por mucho tiempo se celebraron las fiestas del Santo Patrono durante tres días, con mucha devoción y alegría del vecindario, y la ciudad se mantenía iluminada durante dos noches.

La primera guerra mundial cesó el 11 de noviembre de 1918, y los pueblos notaron, después de cuatro años de guerra fratricida entre naciones cristianas del hemisferio norte, esta protección del gran Santo que había pasado de la vida militar a la vida cristiana, para ofrecer el Evangelio a los pueblos de Galia.

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